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Mi voto y yo

27 Jun

Al principio de la contienda expliqué con pelos y señales por qué pensaba anular mi voto. La propaganda siguió, y yo me mantuve segura… esa etapa ya se acabó y ya no estoy tan segura de querer que otros decidan por mí. Hace un par de días un amigo twiteaba “Yo en verdad pienso que el canidato por el que vote es el que va a ganar. With great power comes great responsibility”, me dio mucha risa; tal vez porque me di cuenta de lo en serio que me tomo el proceso. En parte, el problema es que soy institucional hasta el tuétano, ojo: esto no significa que crea que la democracia es la panacea, la verdad es que no me considero democrática, pero eso lo voy a dejar para otro post. El caso es que si las opciones son la existencia o desaparición de una institución, buena parte de las veces preferiré perpetuarla; y eso es lo que me pasa con el voto e incluso con la democracia.

El último mes he estado hablando del voto útil cada vez que he podido, con todos los colores, hasta con los Quadris… Hubo un par de semanas en las que estuve casi segura de querer votar por Andrés Manuel, pues antes que nada, lo que no quiero es que llegue Peña Nieto, así que sería un voto de oposición, más que uno de preferencia. Pero sigo encontrando ahujeros enormes en su plataforma que no puedo ignorar. No me gusta que recurra a afirmaciones megalómanas para convencer como “ahorro de 300 mil millones de pesos al año”. En principio, ni si quiera sé cuánto es esa cifra, es un número demasiado grande, así que en realidad no me dice nada. Además,  sigo sin entender cómo planea hacerlo. Me suena parecido a cuando Fox dijo que “resolvería Chiapas en quince minutos”, se dice bien fácil, tal vez porque en realidad no está diciendo nada… En general, Andrés Manuel no es una figura que me inspire confianza, no me gusta que para todo saca a la gente a las calles, aunque me gusta que se identifique con los más jodidos del país. Si tener un gobierno de izquierda significara que todos estuviéramos un poco mejor, que la riqueza se distribuyera mejor, que deje de haber chavos muriéndose de hambre, mientras Slim se revuelca en sus millones: ¿dónde firmo?, eso es algo que quiero. Pero no estoy muy segura de que esa opción sea la que ofrece AMLO y si sí, en meses de campaña no ha sabido decirme cómo le va a hacer.

Vazquez Mota… ay la Chepis, la verdad es que se ha pasado de tarada en más de una ocasión en la campaña, y aunque soy la primera en sacar comentarios incómodos del tipo “boobs get you places”, JAMÁS se me ocurriría hacer que toda una campaña, de lo que fuera y particularmente presidencial, girara en torno a ellas. Está nefasto que su gran diferenciador sea un órgano reproductor, es tristísimo e idiota. Pero bueno, cuando estuvo en SEDESOL lo hizo bien, recuerdo un par de momentos buenos, particularmente cómo lidió con el EZLN (y no, no me voy a meter al tema de los fraudes). Toda la contienda estuve segura de que no quería votar por ella, porque me parece tonta; porque en serio no me veía justificándolo de ningún modo. Pero ayer escuché la primera argumentación convincente: el voto útil por el segundo lugar. Es bastante evidente que el PAN ya no llegó, si nos aseguramos que sea la segunda fuerza, para empezar nos ahorramos muchos desmadres, pues es mucho más complicado alegar fraude estando en tercer lugar (¡doble fraude!… no mamen) y nos aseguramos de que haya una oposición ideológica coherente (que no es lo mismo que buena, finalmente es la derecha medieval…) contra el que sea que llegue, y no a que el PRI se oponga al PRD o viceversa.

Mi voto es sólo un voto, pero también es parte de un proceso más amplio, de una institución y de la historia de un país. Así que no puedo evitar seguir tomándomelo en serio, aunque por sí solo no cambie nada… A cuatro días de la elección sigo sin saber qué voy a hacer; sólo sé que no serán EPN, ni el otro. El domingo publico una foto o algo así.

Elecciones 2012: Las propuestas que faltan y los candidatos que sobran

6 Apr

Soy mexicana, tengo 24 años y estoy a meses de graduarme del Colegio de México; soy parte de la generación que este sexenio se unirá a la fuerza laboral del país, se casará y probablemente empezará a tener hijos. No sé cómo estén las cosas para el resto de la población, pero sí sé que para los que nacimos entre la mitad de los ochenta y el principio de los noventa, ésta es una de las elecciones más importantes, pues será el sexenio en el que la política de hecho afecte lo que pasa con nuestras vidas. Los desastres económicos van a dejar de ser tema de conversación, para convertirse en problemas que nos perjudiquen, igual que los impuestos, la inseguridad, el desempleo… y todo eso que antes nos limitábamos a discutir en mesas y salones.

Llevo años declarándome apartidaria, mis ideas se alinean más claramente hacia la izquierda, pero eso no quiere decir que me identifique con algún “ismo”, y mucho menos con algún partido. La elección pasada perdí el IFE antes de los comicios, así que no pude votar, pero si lo hubiera hecho habría sido por la Social Democracia; porque al menos me parecía un partido con propuestas frescas, mucho más interesado en representarme que los tres grandes (el otro minoritario, el de la Maestra, ni siquiera lo pienso mencionar, pues en su momento era un mal chiste que nos recordaba lo mal que están las cosas con la élite del país… y ahora siguen insistiendo en contarlo). Este año pienso anular mi voto.

Me parece tristísimo, que tratándose de una elección tan importante no haya opciones a la altura. Siendo la primera elección en la que las redes sociales han horizontalizado las comunicaciones al punto en el que es muy sencillo resumir y difundir propuestas y mensajes; las agencias están más ocupadas dirigiendo campañas sucias que, aunque nos divierten a todos, no aportan nada. Quien tenga Facebook o Twitter puede nombrar al menos tres malas pasadas de Peña Nieto, AMLO o Vázquez Mota; pero es raro encontrar al que en serio sabe las diferencias entre una plataforma y otra; entro lo que quiere uno y otro  para el país.

He tenido buenas conversaciones al respecto, analizado prensa y opiniones de académicos y creo que la culpa de que no estemos escuchando propuestas que valgan la pena no es sólo responsabilidad de la estática creada por las campañas sucias; simple y llanamente no las hay. No tenemos un candidato genuinamente preocupado por atraer a mi generación con propuestas plausibles…  los tres que tienen posibilidades de llegar a la grande tienen otros inclinaciones; representarnos y cambiar el rumbo del país no son temas que les interesen o que vayan a definir al ganador de la elección.

No voy a dedicar espacio a nombrar pelos y señales de por qué no valen la pena las opciones que tenemos; en vez de eso hablaré de lo que creo le hace más falta a México. Haré un listado de las discusiones que me gustaría estar teniendo (en vez de hablar de amas de casa, libros o repúblicas amorosas), de lo que a mí me interesa;  los describiré en bullets, con el leguaje más sencillo, nada más para demostrar que podemos ahorrarnos las cantinfleadas eternas; bien decía Einstein “si no lo puedes explicar con simpleza, no lo entiendes suficientemente bien”:

  • Una reforma política, que permita la relección, que quite a los pluris y corte la cantidad de diputados. Que empodere a quienes anulan su voto, en vez de nada más ignorarlos.
  • Una reforma fiscal que eficientice la recaudación de impuestos. Ojo, con esto no me refiero a más impuestos o a tasas más altas. Citando a Jean Meyer “El Estado mexicano recauda el 10% del Producto Interior Bruto (PIB). El pobrísimo Honduras capta el 16%, Brasil el 27%, Francia el 45%…”
  • Una reforma  en servicios de seguridad, a ver si así al fin le pegan a la corrupción, abusos de poder y completa ineficiencia del sistema. Necesitamos menos policías, pero mejor entrenados y pagados, profesionales dignos que sepan investigar… no que pobreteen por cien pesos.
  • Aunado a la anterior una reforma en justicia, específicamente a los niveles más bajos del sistema. Necesitamos que el MP sea un proceso mucho más amistoso, en Toluca ya comenzaron a poner centros donde levantan denuncias en centros comerciales… en vez de en las zonas más abandonadas y horribles de la ciudad; además el trámite toma menos de una hora. Si quieren que la gente declare, hay que mejorar su experiencia de usuario.
  • Ademas, necesitamos políticos que se acerquen a la Academia, que dejen de criticar a los intelectuales de mudos y en vez de eso se reconozcan a sí mismos como sordos. Políticos interesados en acercarse a los empresarios (no sólo a Slim…) y a los emprendedores, a la gente que está generando o trabajando por generar valor en el país; a estos últimos habrá que asignarles recursos, al tiempo que nos ahorramos estupideces, como la Estela de Luz o los desayunos del Papa.
  • Necesitamos políticos que entiendan tecnología y que sepan promoverla y usarla para construir;  no sólo para llevar campañas sucias o actos de promoción.

Podría seguir escribiendo, pero creo que para este punto ha quedado claro lo que quería comunicar: nadie me representa a mí ni a mis intereses, así que anularé mi voto; porque no voy a dejar de ejercer mi derecho (dejaré la discusión sobre lo que opino de la democracia para otro momento), pero tampoco voy a conformarme con opciones subóptimas; aunque sigo creyendo que tenemos el gobierno que merecemos, pues no hemos sabido exigir discusiones de más alto nivel, cambios serios o propuestas interesantes.

Sé que mucho se me criticará, que me dirán que soy una tibia, que es un “berrinche de intelectual”, no dudo que cuando lo diga en paneles y discusiones más de uno intente convencerme de cómo de alguna forzada manera su candidato es el “menos peor”; pero un voto nulo, viniendo de la generación que tomará el poder dentro de poco, es un voto con visión, que busca construir una clase política y acabar con la mediocridad que tenemos ahora; que busca dejar de lado la democracia insipiente y al fin pasar a una representación real. Es tomar el poder y las decisiones en nuestras manos, responsabilizarnos, reconocer que no están bien y hacer algo al respecto, en vez de continuar el ciclo que hasta ahora ha perpetuado un sistema que no funciona.

Si millares de mexicanos anulan su voto, no cambiará nada. Si lo hacen millones, tampoco. La elección tendrá un vencedor mediocre, uno de esos tres de los que tanto hablamos; pero al menos quedará el mensaje: las elecciones siguen siendo de los ciudadanos, y hay muchos hartos de la completa desconexión que existe con la clase política.

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