Soy mexicana, tengo 24 años y estoy a meses de graduarme del Colegio de México; soy parte de la generación que este sexenio se unirá a la fuerza laboral del país, se casará y probablemente empezará a tener hijos. No sé cómo estén las cosas para el resto de la población, pero sí sé que para los que nacimos entre la mitad de los ochenta y el principio de los noventa, ésta es una de las elecciones más importantes, pues será el sexenio en el que la política de hecho afecte lo que pasa con nuestras vidas. Los desastres económicos van a dejar de ser tema de conversación, para convertirse en problemas que nos perjudiquen, igual que los impuestos, la inseguridad, el desempleo… y todo eso que antes nos limitábamos a discutir en mesas y salones.
Llevo años declarándome apartidaria, mis ideas se alinean más claramente hacia la izquierda, pero eso no quiere decir que me identifique con algún “ismo”, y mucho menos con algún partido. La elección pasada perdí el IFE antes de los comicios, así que no pude votar, pero si lo hubiera hecho habría sido por la Social Democracia; porque al menos me parecía un partido con propuestas frescas, mucho más interesado en representarme que los tres grandes (el otro minoritario, el de la Maestra, ni siquiera lo pienso mencionar, pues en su momento era un mal chiste que nos recordaba lo mal que están las cosas con la élite del país… y ahora siguen insistiendo en contarlo). Este año pienso anular mi voto.
Me parece tristísimo, que tratándose de una elección tan importante no haya opciones a la altura. Siendo la primera elección en la que las redes sociales han horizontalizado las comunicaciones al punto en el que es muy sencillo resumir y difundir propuestas y mensajes; las agencias están más ocupadas dirigiendo campañas sucias que, aunque nos divierten a todos, no aportan nada. Quien tenga Facebook o Twitter puede nombrar al menos tres malas pasadas de Peña Nieto, AMLO o Vázquez Mota; pero es raro encontrar al que en serio sabe las diferencias entre una plataforma y otra; entro lo que quiere uno y otro para el país.
He tenido buenas conversaciones al respecto, analizado prensa y opiniones de académicos y creo que la culpa de que no estemos escuchando propuestas que valgan la pena no es sólo responsabilidad de la estática creada por las campañas sucias; simple y llanamente no las hay. No tenemos un candidato genuinamente preocupado por atraer a mi generación con propuestas plausibles… los tres que tienen posibilidades de llegar a la grande tienen otros inclinaciones; representarnos y cambiar el rumbo del país no son temas que les interesen o que vayan a definir al ganador de la elección.
No voy a dedicar espacio a nombrar pelos y señales de por qué no valen la pena las opciones que tenemos; en vez de eso hablaré de lo que creo le hace más falta a México. Haré un listado de las discusiones que me gustaría estar teniendo (en vez de hablar de amas de casa, libros o repúblicas amorosas), de lo que a mí me interesa; los describiré en bullets, con el leguaje más sencillo, nada más para demostrar que podemos ahorrarnos las cantinfleadas eternas; bien decía Einstein “si no lo puedes explicar con simpleza, no lo entiendes suficientemente bien”:
- Una reforma política, que permita la relección, que quite a los pluris y corte la cantidad de diputados. Que empodere a quienes anulan su voto, en vez de nada más ignorarlos.
- Una reforma fiscal que eficientice la recaudación de impuestos. Ojo, con esto no me refiero a más impuestos o a tasas más altas. Citando a Jean Meyer “El Estado mexicano recauda el 10% del Producto Interior Bruto (PIB). El pobrísimo Honduras capta el 16%, Brasil el 27%, Francia el 45%…”
- Una reforma en servicios de seguridad, a ver si así al fin le pegan a la corrupción, abusos de poder y completa ineficiencia del sistema. Necesitamos menos policías, pero mejor entrenados y pagados, profesionales dignos que sepan investigar… no que pobreteen por cien pesos.
- Aunado a la anterior una reforma en justicia, específicamente a los niveles más bajos del sistema. Necesitamos que el MP sea un proceso mucho más amistoso, en Toluca ya comenzaron a poner centros donde levantan denuncias en centros comerciales… en vez de en las zonas más abandonadas y horribles de la ciudad; además el trámite toma menos de una hora. Si quieren que la gente declare, hay que mejorar su experiencia de usuario.
- Ademas, necesitamos políticos que se acerquen a la Academia, que dejen de criticar a los intelectuales de mudos y en vez de eso se reconozcan a sí mismos como sordos. Políticos interesados en acercarse a los empresarios (no sólo a Slim…) y a los emprendedores, a la gente que está generando o trabajando por generar valor en el país; a estos últimos habrá que asignarles recursos, al tiempo que nos ahorramos estupideces, como la Estela de Luz o los desayunos del Papa.
- Necesitamos políticos que entiendan tecnología y que sepan promoverla y usarla para construir; no sólo para llevar campañas sucias o actos de promoción.
Podría seguir escribiendo, pero creo que para este punto ha quedado claro lo que quería comunicar: nadie me representa a mí ni a mis intereses, así que anularé mi voto; porque no voy a dejar de ejercer mi derecho (dejaré la discusión sobre lo que opino de la democracia para otro momento), pero tampoco voy a conformarme con opciones subóptimas; aunque sigo creyendo que tenemos el gobierno que merecemos, pues no hemos sabido exigir discusiones de más alto nivel, cambios serios o propuestas interesantes.
Sé que mucho se me criticará, que me dirán que soy una tibia, que es un “berrinche de intelectual”, no dudo que cuando lo diga en paneles y discusiones más de uno intente convencerme de cómo de alguna forzada manera su candidato es el “menos peor”; pero un voto nulo, viniendo de la generación que tomará el poder dentro de poco, es un voto con visión, que busca construir una clase política y acabar con la mediocridad que tenemos ahora; que busca dejar de lado la democracia insipiente y al fin pasar a una representación real. Es tomar el poder y las decisiones en nuestras manos, responsabilizarnos, reconocer que no están bien y hacer algo al respecto, en vez de continuar el ciclo que hasta ahora ha perpetuado un sistema que no funciona.
Si millares de mexicanos anulan su voto, no cambiará nada. Si lo hacen millones, tampoco. La elección tendrá un vencedor mediocre, uno de esos tres de los que tanto hablamos; pero al menos quedará el mensaje: las elecciones siguen siendo de los ciudadanos, y hay muchos hartos de la completa desconexión que existe con la clase política.


