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Robos en la Roma y Condesa

5 Apr

Hace algunos meses me mudé a la Roma, en el tiempo que llevo aquí me han asaltado y he sabido de al menos dos robos graves. Por eso escribo esto, porque creo que está en todos prevenir. Sé de al menos tres tipos de robos graves: robos de celulares y computadoras, robos de perros y robos a oficinas; los tres se llevan a cabo por bandas organizadas que lucran con lo que roban.

Robo de Celulares y Computadoras

Éste es quizás el más común y del que fui víctima yo. Hay dos prácticas comunes: arrancárselos a peatones desde una motocicleta y sacarlos de mochilas y carteras en el transporte público.

¿Qué se puede hacer para prevenirlos?

  • Estar alertas, sé que suena obvio, pero cuando me pasó a mí, iba papando moscas

  • No llevarlos en lugares visibles

  • No hacer ni tomar llamadas, ni responder ni leer mensajes al caminar o ir en transporte público.

  • Si se trata de una emergencia, hacerlo pegado a una pared, con un buen ángulo de visibilidad de la gente al rededor.

  • Caminar en sentido contrario a los coches. Si de plano no se puede: hacerlo en el carril de alta o en la acera en la que haya más arbustos, árboles, coches estacionados y demás objetos que puedan prevenir que una motocicleta se suba.

  • De preferencia usar mochilas y cargarlas en los dos hombros; en caso de usar bolsas, procurar que las asas sean resistentes y de preferencia cruzarlas por el cuerpo.

  • No cargar celulares ni carteras en las bolsas del pantalón (ni siquiera en las delanteras), conozco al menos cuatro miembros del “Club del Metrobús”, gente a las que se los han sacado sin que sintieran nada. Una buena alternativa es la manga del suéter o chamarra.

  • Voltearse mochilas para cargarlas del lado del pecho al usar transporte público

  • Instalar software para localizar computadoras y teléfonos. Find my iphone/Mac es gratuito y toma algunos minutos instalarlo. Prey es otra alternativa, también gratuita (gracias Gil por el tip)

Robo y Secuestro de Perros

Éste es el más trágico de los robos comunes en la zona, pues generalmente se roban a los animales para usarlos en maquila de cachorros. Los dueños quedan desconsolados y las mascotas viven el resto de sus días maltratados y tristes. Las prácticas comunes son: observarlos en parques y caminatas, para después llevárselos cuando están solos, o ir por ellos a casa de sus dueños fingiendo que son de la escuela o grupo de dog walkers con los que van cotidianamente.

¿Qué se puede hacer para prevenirlos?

  • Tu perro siempre debe traer correa y placa.
  • Si tu perro va a la escuela o lo sacan a pasear, SIEMPRE entrégaselo o asegúrate de que se le entregue a la misma persona; si la cambian, márcales para confirmar y exige que siempre se te avise por adelantado.
  • Si tienes un perro de alguna raza conocida y cara, publicita que está esterilizado, aunque no sea cierto. Háblalo cuando lo saques a pasear, particularmente si se te acercan extraños a preguntarte su nombre. Esto lo hace una presa menos atractiva.
  • Si lo sueltas en el parque, no dejes de verlo ni un segundo. Lo mismo si te acompaña al súpero o a comer, encárgaselo a alguien o siéntate donde puedas verlo.
  • Venden collares con localizadores; sin embargo, si se lo quitan, pierde su utilidad.

Robo en Oficinas

Esto sucedió en donde trabajo hace un par de días. Llegó un individuo de traje diciendo que quería rentar un espacio, se paseó por toda la oficina solo y regresó al día siguiente muy temprano (7:30am, cuando casi no había gente) diciendo que tenía una cita con uno de nosotros; entró, revisó todo lo que había y se llevó una computadora.

¿Qué se puede hacer para prevenirlo?

  • No dejar entrar gente a oficinas si no está la persona con la que viene. Trabajando en coworking spaces, es muy fácil no tener muy claro dónde está cada quién. Sin embargo, sólo toma un par de minutos asegurarse de que alguien reciba al visitante.

  • No dejar visitas sin acompañante. Esto suena a sentido común… pero al menos antier, no lo fue.

  • No dejar objetos valiosos a la vista y sin candados. En Innku los programadores son extremadamente cuidadosos con sus cosas, hay candados montados en los escritorios y lo único que dejan son monitores, que aunque es posible, sería difícil que alguien hurtara con rapidez. Es rarísimo que alguien deje su computadora.

En todos los casos, denunciar y dar publicidad a la información que se tenga es INDISPENSABLE, si podemos estar compartiendo cadenas estúpidas o fotos cagadas, también podemos compartir fotos y descripciones de los cabrones que se roban nuestras cosas. Somos una comunidad de vecinos, empecemos a aprovecharlo.

Del Odio a los Indiferentes

31 Jan
Odio a los indiferentes. Creo, como Friedrich Hebbel, que “vivir significa tomar partido”. No pueden existir quienes sean solamente hombres, extraños a la ciudad. Quien realmente vive no puede no ser ciudadano, no tomar partido. La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso odio a los indiferentes.[…] Odio a los indiferentes también porque me molesta su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos por cómo ha desempeñado el papel que la vida le ha dado y le da todos los días, por lo que ha hecho y sobre todo por lo que no ha hecho. Y siento que puedo ser inexorable, que no tengo que malgastar mi compasión, que no tengo que compartir con ellos mis lágrimas.

Soy partisano, vivo, siento en la conciencia viril de los míos latir la actividad de la ciudad futura que están construyendo. Y en ella la cadena social no pesa sobre unos pocos, en ella nada de lo que sucede se debe al azar, a la fatalidad, sino a la obra inteligente de los ciudadanos. En ella no hay nadie mirando por la ventana mientras unos pocos se sacrifican, se desangran en el sacrificio; y el que aún hoy está en la ventana, al acecho, quiere sacar provecho de lo poco bueno que las actividades de los pocos procuran, y desahoga su desilusión vituperando al sacrificado, al desangrado, porque ha fallado en su intento.

Vivo, soy partisano. Por eso odio a los que no toman partido, por eso odio a los indiferentes.

Antonio Gramsci, 11 de febrero de 1917

De sueños, patrones y muros

15 Dec

Dos años fui a terapia psiconalítica, ahí fue donde aprendí a fijarme en la semiótica de los sueños y en el significado más profundo de las acciones. Aún dudo si salí mejor de lo que entré de ese conslutorio… no encontré la paz interior y no me convertí en un mejor ser humano; pero al menos le pude dar sentido a mucho de lo que antes sólo daba vueltas a mi alrededor. Creo que soy la misma que antes, sigo hablando con hipérbolas salvajes, fervientemente convencida de que una canción es la mejor, o que un argumento es el peor, incluso cuando es logísticamente imposible haber escuchado todas las canciones o conocido todos los argumentos… lo que quiero decir es que aún después de los millares de pesos y cientos de horas invertidas; hay muchos patrones, simples y complejos, de construcción y destrucción, que sigo condenada a repetir.

En fin, hoy tuve un sueño particular que me regresó a los días de diván. Cuando me desperté, me quedé un buen rato viendo la pared, reconstruyendo las partes que aún no se me escapaban, con una extraña sensación de tranquilidad que empezó a disiparse sólo cuando recordé que la conversación que tuve con el protagonista en realidad no la tuve con él, sino con la proyección creada por mi subconsciente. Al fin entendí, que la única manera de salir de esa patrón nefasto era atravesando lo que en mi sueño era un complejo laberinto dentro de un edificio subterráneo lleno de jardines y mierda; mismo que en mi vida fue algo bastante parecido. Al final, lo que más aprecio de lo poco que queda, es que siguiéndolo en el laberinto, aprendí a encontrar la salida.

Hubo un punto de la plática en el que me dijo “de lo que tienes miedo es de salir”, refiriéndose a la última frontera que se veía clara al lado de donde estábamos sentados; recuerdo que le contesté “No, de lo que tengo miedo ahorita, no es de lo que haya afuera, sino de la interacción contigo”. La despedida no fue fácil, pero justo antes de despertarme estaba muy tranquila, porque sabía que si quería podía regresar al fondo del laberinto, con toda esa gente que conocí allá abajo; pero ahora sabía salir. Aún quedaban un par de muros y caminos frente al último bastión de la fortaleza, pero el Sol brillaba y todo se veía mucho menos exótico y sucio que en las profundidades… Sospecho que una vez atravesada la última gran pared, ya no hay vuelta atrás. Al fin llegué al limbo.

Por un momento de lucidez onírica entendí todo. Y sentí paz recordando que los veintes son para romper patrones, éste tomó varios años, pero creo que al fin conozco la salida, pa la próxima que empiece…

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