La semana pasada asistí al encuentro de Peña Nieto con los emprendedores. Me debatí mucho sobre si quería ir o no y luego sobre escribir al respecto… finalmente recordé que todos tenemos varios sombreros, yo tengo tres muy claros: uno de blogera, uno de entusiasta de la tecnología y uno de egresada de una carrera en ciencias sociales en el Colmex. Es rara la ocasión en la que estos tres se traslapan y es difícil no quedar mal con alguno de los tres bandos, pero en fin; es lo que hay.
La verdad es que me pareció un evento de forma y no de fondo. Sí, dijo que va a crear el Instituto Nacional del Emprendedor; o bueno, al menos que va a firmar un decreto para crearlo, pero nunca definió qué es un emprendedor (y si algo sabemos después de #Driven200, es que TODOMUNDO se define como emprendedor, disrruptivo e innovador… si no me creen, pregúntenle a las de la entrada), la cosa puede ir desde un freelancer que gana una buena lana y trabaja de manera independiente, pasando por dueños de pastelerías, tortillerías o pequeños negocios, hasta grandes empresas de tecnología a la Apple; así que la falta de definición para nada es trivial.
Fue un evento “catch all” en el que había desde vacas sagradas de la industria privada mexicana y el PRI, hasta chavillos con ojos de plato que asomaban las cabezas entre el tumulto y tomaban fotos de EPN con sus smartphones. También, había varios que era claro que sólo iban a ver y ser vistos, otros que iban literalmente a tomarse fotos (pa echarse porras o hacer memes… no me quedó claro) y que no podían dejar de sacar a colación la “otra vez que habían conocido” al ahora presidente, como si fuera una hazaña, siendo que el evento pasado también fue un acto de proselitismo bien maquillado –oldschool PRI–; finalmente, había otro grupo que estaba genuinamente emocionado por estar “con el presidente” (eso me dijeron). Así que me tocó ver de todo, desde burlas y cuchicheos críticos, hasta al farol de siempre echándose comentarios del tipo “como te dije la vez pasada…” esperando genuinamente que lo recordaran. Right.
En mi caso la invitación llegó una semana antes y me debatí mucho ir; más después del primero de diciembre. Finalmente, un amigo y colaborador me convenció diciendo “es buena experiencia, vamos, desayunamos, vemos a quién nos encontramos… y ya”. Ni siquiera me dieron de desayunar, estuve parada en tacones, sobre adoquines, más de una hora y tuve que pasar exactamente cuatro filtros de seguridad; entiendo que el procedimiento no se pueda simplificar por tratarse de la residencia presidencial, pero me queda claro que se puede hacer mucho más eficiente. Tenían un auténtico desmadre en la mesa de registro y era molesto ver cómo mandaban chicas guapas a sacar de la fila a las personas famosas y alineadas (como a un familiar de Azcárraga Jean y un senador priista, entre los que reconocí) en lo que el resto esperábamos el paso de la fila. Cuando nos faltaba como un tercio se acercó una chica a preguntar por nuestros registros, pude haberme saltado el último estirón, pero no tenían los datos de la gente con la que iba, así que decidimos seguir esperando todos juntos. Al llegar a las mesas de registro te asignaban un color de etiqueta que definía las posibilidades de asiento adentro (rojo hasta adelante, verde y azul en medio, gris hasta atrás o en la sala de al lado y prensa), su desastre era tal que pude hacer que me dieran uno rojo, cuando sospecho que me tocaba gris.

Ya adentro nos sentamos en la sala principal, hasta atrás del lado izquierdo. Todo arrancó con algunas presentaciones, fue de notar que un presidio de más de diez personas, sólo hubiera dos mujeres (la directora de Endeavor y la del Poli), luego pusieron un video que, como el evento, incluía representaciones de todas las definiciones posibles de “emprendedores”. Después se subió una joven emprendedora a hablar y me pareció curioso que al mencionar a los jóvenes emprendedores utilizó el término “jóvenes revolucionarios”, hizo una crítica bastante gris a la burocracia y el fondo PYME (pero todos se pararon a aplaudirle), para luego concluir diciéndole a EPN “en usted nuestra esperanza, en nosotros el trabajo”. Luego subieron otros dos “chavos”, muy en el mismo tono, hablando de sus éxitos y de lo ilusionados que están con el nuevo gobierno.
El penúltimo llamó al escenario a una niña con nombre indígena “emprendedora de 11 años” que le regaló unos libros que escribió ella misma a EPN. Evidentemente, no faltaron las menciones a la Biblia y a la completa falta de cultura que demostró cuando era candidato (espero que alguien ya se haya rifado con el meme). El último orador fue el peor, hablando de los “héroes de la economía”, de lo chingón que es él y de lo fantástico que cree que es Compartamos (proyecto que Muhammad Yunus, creador del modelo de micro créditos y ganador del Premio Nobel ha criticado hasta el aburrimiento, pues lucran con el dinero de los más fregados).
Finalmente, el encuentro acabó con EPN dirigiéndose al auditorio. De entrada he de decir que no tiene casi nada de presencia, comparando, hasta contra Calderón sale perdiendo, ya ni mencionar a Salinas o Zedillo. Intentó varias cosas en su discurso, como ser carismático o inspirador… ninguna le funcionó. Habló de los libros que le dio la niña y se comprometió a leerlos (creo que por aquello de que luego no le va bien en entrevistas), casualmente uno se titulaba “El Mundo de mis Sueños” y el otro “Elizabeth y el Guardian de la Magia”… Ni si quiera me voy a burlar, porque está muy fácil. Tampoco voy a negar que dijo algunas cosas que valían la pena, como que cree en la transformación del país y en el empuje de los emprendedores, cosa que jamás habíamos escuchado en los primeros seis días de gobierno, y eso del Instituto que mencioné al principio. Aún así, faltan muchas batallas, quiero ver qué pasa con ACTA, de qué va el sonado Instituto Emprendedor y cómo queda la relación con toda la gente que vi representada, desde los lamehuevos barberos, hasta los que fuimos casi a rastras.
Al final, estuvo bien que hubiera un evento así, aunque la temporalidad no deje de parecerme curiosa. Tuve muy buenas discusiones al respecto a lo largo del fin de semana, y al final puedo decir que mi industria le interesa lo suficiente al que tenemos por presidente como para gastar dinero en juntarnos durante los primeros días de su gobierno en su residencia. Eso es un paso en la dirección adecuada. Además, conocí gente interesante en la fila –aunque tuve que guardarme todas mis opiniones cuando les salía lo priista….
Pues nada, “los chavos” y los “emprendedores” estamos en la mira del gobierno por algo más que vandalismo en el Zócalo y ya nos prometieron de menos un Instituto, no me puedo quejar por eso.

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